miércoles, 18 de mayo de 2011

Conocelos: Ellos son Algunos de nuestros Héroes

El incendio forestal en la sierra de Múzquiz y Acuña es ya el más extenso y duradero en la historia de México. Como todos los eventos de esta clase, empezó en un momento azaroso.
 
Del fatídico 17 de marzo para acá han llovido ríos de tinta impresa pero escasamente algunas gotas que ayuden a mitigar el fuego, incesantemente reavivado por ventoleras, ventarrones y torbellinos. Noticieros nacionales e internacionales han dado cuenta de este desastre ecológico, día con día a través de Internet y televisión. Pero sólo los brigadistas han visto el fuego cara a cara durante estos 47 días con sus noches, a 40 grados bajo el rayo del sol y a menos 2 en la gélida madrugada.

Semanario acudió hasta la zona de desastre para recoger su testimonio de primera mano y registrar de manera directa los desmanes del fuego, ese monstruo intermitente, intolerante, invertebrado.


El monte es cruel.
A estos hombres se les apareció el diablo en más de una ocasión cuando alzaron la vista en Rancho Las Pilas, porque la lumbre nunca acababa. Ellos, los de a pie, combaten incendios forestales a machetazos, con azadones, palas y fuego.
No vuelan. No tienen reuniones de horas y horas en una ofi cina. Están abriendo brechas a puro fi lo de machete, a pie: sorteando los peligros de la montaña.
Y los riscos fi losos, las víboras de cascabel, osos, pumas y abismos...

Son los compas, carnales y viejones del monte, los que pertenecen a CONAFOR y Secretaría de la Defensa Nacional, los guachos pues.

HÉROES A MACHETAZO LIMPIO
El fuego se combate con fuego, compa, dijo José Luis Arreola Aguayo, brigadista de la Conafor, una tarde de domingo después de media jornada de trabajo, vestido de amarillo para resaltar en medio de la nada y extrañando su hogar en este clima extremoso.
Nos dijeron… el monte es cruel.


José Luis tiene 47 años, 31 de servicio y pertenece al grupo Coras de Tepic, Nayarit. Y a partir de ahora tal vez no sea necesario decir de dónde viene cada camarada, pues todos se echan la mano.
Ayudarse, unos a otros: Esta es la verdadera la ley del monte, no está escrita en la penca de un maguey.


Esa noche de media jornada de trabajo, José Luis contó que llevaban más de 10 días despertando apenas cantaran los gallos y regresando saliera la luna. Decidieron tomar el día después de no saber nada de su familia y la necesidad de lavar la ropa, estirar los músculos y fumar un cigarro.


Recordó que hubo días en que llegaron y algunos no probaron bocado, se desplomaban sobre sus casas de campaña para dormir tras absorber el calor del sol y el humo de los incendios que irrita los ojos; intoxica los pulmones.


- Sólo en el monte te das cuenta de las cosas, no son como dicen en televisión. Hay que caminarle.
- ¿Cuál es la situación?
- Hicimos un sobrevuelo en helicóptero y hasta donde alcanzas a ver con los ojos había lumbre.
- ¿Y cómo se apaga?
- A machete limpio, a pura fuerza de hombre. No necesitamos más.
Esa noche acabó y despertó con la luna llena.

Antes de dormir brigadistas de la Conafor tuvieron una reunión para charlar sobre cómo atacarían el fuego y en qué zona. Soldados del Catorceavo Personal de Caballería de Múzquiz se preparaban para montar la guardia.


LAS VERDADERAS VÍCTIMAS
Un incendio forestal es primero una chispa, un rayo que pega y después arrasa todo a su paso. Podrá consumirse todo Coahuila, pero nadie sabrá qué fue lo que pasó exactamente en Múzquiz hace más de un mes. Las propiedades en peligro están muy lejos de la ciudad, tanto que las llamas sólo se ven en despoblado.

ara llegar a Las Pilas, al igual que a El Cimarrón o El Bonito, es necesario recorrer de cuatro a cinco horas por caminos de tierra y piedra suelta donde un vehículo ligero queda varado.

Rolando Báez Garza
Es guía contratado por la empresa Ifood, quien alimentaba a los más de seiscientos brigadistas distribuidos en las zonas de desastre, sabe que a la lumbre se le entra de frente y al monte se le respeta: "Viene al monte compa, hay que andar preparado con todo. He visto mucha gente caer en despoblado".


Rolando, trabajador del rancho Los Lobos
Cuenta con 60 años y lleva más tiempo en despoblado que en la ciudad, sabe que el incendio acabará con miles de hectáreas, pero la vida silvestre quedará ahí: en los llanos, en las montañas.
- Lamentablemente se ha caído la cacería con eso de la violencia, a los gringos les da miedo venir.
- ¿Y los nacionales?
-No mi compa, los de acá no pagan 1,100 dólares por un venado. Todo el animal que es de monte, el que sea, tiene un precio.

Támbien estan los héroes Anonimos que dejan alimento para los animales bajo las ordenes de la Semarnat y otras dependencias como la Procuraduría Federal del Medio Ambiente.Martín Vargas Prieto, Director General de Vida Silvestre de la Secretaría de Marina y Recursos Naturales, comentó que la vida silvestre que habita en las zonas de incendio, huye del lugar para refugiarse, pero tienden a regresar a su hábitat.


“Hay bastante certidumbre de que regresaron a las zonas afectadas por este desastre natural”. Para atacar el problema, dijo, repartirán cerca de 42 toneladas de alimento, principalmente forrajes, en las partes quemadas para que los animales se alimenten.


Y Joel González Moreno, Director General de Inspección de Vida Silvestre de la Procuraduría Federal de Protección al ambiente, dijo que tras un incendio hay un rebrote de vegetación. “La rehabilitación es un proceso natural del ecosistema, más adelante tiene que haber una reforestación para proteger la erosión del suelo”.


LA CANCIÓN DEL BRIGADISTA FORESTAL
Para subir a la montaña hay que llevar agua, paciencia y fuerza en las piernas. A primeras horas del día un helicóptero estaba preparado para llevar al monte a los combatientes y buscar la línea de fuego, en grupos de militares y forestales caminaron hacia la aeronave.


Mudos Guerreros
Casi no hablaban, iban con sus herramientas, mochila al hombro y una provisión de atún y galletas para cuando apretara el hambre. Llegando a un claro en la montaña, el camino fue de un kilómetro para llegar a la línea de fuego.
- Arriba nada más estamos como coyotes, al acecho de que la lumbre no corra. Y si aparece por ahí vamos a chingarla.


Ubaldo Mora es machetero, va al frente abriendo camino, contando que en los últimos días han tenido el aire a favor, pero traicionándolos durante las noches, porque a lo lejos aparecen, interminables, nuevas líneas de fuego.


Diego Balam, originario de Yucatán, dijo que para ser forestal no se necesita mucho: “Lo importante es que sepas manejar el machete y el azadón”.
De hecho, contó, a los brigadistas que empiezan los avientan al fuego, para aprender sobre la marcha con un sueldo de 4,800 pesos quincenales, si lo que buscan es superarse tienen que entrar a academias como el Centro de Formación Forestal y acreditar distintos cursos, para poder acceder en un futuro a ser jefe de brigada. Por cada salida, dijo, la Comisión Nacional Forestal los apoya con 120 pesos diarios para alimentación y las plazas son hereditarias a causa de lo férreo de sus sindicatos.


En Las Pilas no había vías de comunicación: telefonía, correo electrónico o salidas constantes de camiones, es más, ni salidas de nada había.


En la madrugada, recibiendo el frío, fueron dejados forestales y soldados en un claro, casi al pie de una colina espesa de matorrales y cedros, a machetazos el grupo de enfrente iba abriendo brecha, mientras otro limpiaba con azadón para que el camino quedara limpio.


Arturo Cruz Reyes, jefe de la brigada originario del Distrito Federal, caminaba metros delante de la línea que iba abriendo brecha para hacer mediciones y encontrar la línea de fuego para combatirla. "La afectación ha sido en pastizales, plantas de sotol, encino, matorrales, al fuego hay que encerrarlo, acabarlo con fuego".

Julio César Hernández
En los 15 años que lleva apagando incendios, nunca había visto de cerca un "torbellino de fuego". En la sierra norte de Coahuila lo encontró, miró cómo "levantó la lumbre hasta 30 metros", escuchó su zumbido, "parecido al de una turbina", y sintió cómo "el aire se puso caliente".


Julio César es uno de los 15 brigadistas de la Conafor que hace dos semanas llegaron de Durango para apoyar en el combate a los incendios de Coahuila.

Estos hombres, acostumbrados a lidiar con fuego, vivieron uno de los días más difíciles el pasado 18 de abril. Frente a ellos se formó un torbellino "lleno de lumbre" que provocó que el incendio cambiara de dirección y que se extendiera aún más.


"Aquí nos hemos enfrentado a condiciones desconocidas. Aquí los vientos soplan raros y hacen muchos remolinos. Eso fue lo que pasó. En dos ocasiones, la lumbre hizo un remolino y comenzó a avanzar. Uno de esos remolinos avanzó hacia donde estábamos nosotros trabajando. Así que tuvimos que salir corriendo", cuenta Julio César, quien todavía se dio tiempo para grabar, con su celular, el torbellino.


"Nos sorprendió mirar eso, porque en Durango, de donde somos, hay muchos incendios, pero nunca habíamos visto esto", dice.

"Este incendio está muy grande. A ver cuánto tiempo más nos lleva. Todos en nuestra brigada tenemos ganas y deseo de terminar este incendio porque hemos visto en nuestro estado morir fauna. Y aquí nos han dicho que hay muchos animales", dice. Y no exagera. Estas sierras y valles dan refugio al venado cola blanca, al oso negro, al guajolote silvestre, al jabalí, al coyote, la víbora de cascabel, el halcón peregrino, el correcaminos, las águilas real y cola roja.


Los brigadistas no sólo hablan de los animales. Su tema de conversación en estos días también ha sido los “torbellinos de fuego”. Quienes tuvieron enfrente uno, aún siguen exaltados.


Alfredo Bustamante
Es otro de los brigadistas de Durango, cuenta que el torbellino se formó cerca de las dos de la tarde. "Estábamos trabajando en un contrafuego. Los aviones tiraban agua y nosotros, en tierra, tratábamos de cerrar esa zona cuando comenzamos a escuchar el zumbido. Volteamos y lo vimos. Corrimos para subirnos a la camioneta. Los soldados también. Ya arriba, comenzamos a gritar, porque la adrenalina se sube al ver eso".

Ángel Remigio Salaises
Él, junto con otros tres compañeros, ya no alcanzó a correr. "Nosotros nos tiramos de panza y nos cubrimos. Lo bueno fue que el remolino cambió de dirección. Y es que era puro fuego, no nada más era humo y ceniza, había mucho fuego. Cualquiera que hubiera agarrado adentro, lo quema".


Los "torbellinos de fuego" se forman cuando se encuentran "vientos cálidos y fríos, así como una combustión de alta intensidad que genera una concentración de energía", explica Alfredo Nolasco, gerente de Protección y Control de incendios de la Conafor.


El especialista en incendios dice que han sido varios los remolinos que se han formado en los valles de Coahuila. "Por eso la instrucción para los brigadistas ha sido que el combate al fuego se realice en forma indirecta", dice.
Gracias a ello ningún brigadista ha sufrido heridas o quemaduras graves.


En el campamento Cimarrón se concentra parte de los brigadistas que combaten el incendio en La Sabina. Su labor se ha enfocado a evitar que el fuego cruce la sierra de Santa Rosa y se extienda al norte, donde está Maderas del Carmen, área natural protegida y reserva de la biosfera.

"El viento no está ayudando. Generalmente no hay viento en estos meses, pero ahora se han registrado vientos atípicos. El viento, sobre todo, ha hecho que esto se ponga fuera de control", dice Manuel González.

El miércoles y jueves pasados, los brigadistas en El Bonito recibieron con optimismo la lluvia, pero manifiestan que dada la magnitud de los incendios, fue insuficiente para apagar el fuego. Alfredo Nolasco dice que para los próximos días no existen pronósticos de lluvia.


Fuerza femenina
Entre los más de 835 brigadistas de distintas dependencias, sobresale un grupo de nueve mujeres de la Unidad de Rescate y Apoyo a la Sociedad (URAS), de la Policía Federal.

Érica de la Rosa,
Una joven de 26 años y originaria del DF, ha viajado a diversas partes del país para apoyar a población en afectada por inundaciones. Es la primera vez que le toca un incendio.


"Llegamos el 16 de abril. El trabajo que hacemos es el mismo que el de nuestros compañeros hombres: subimos a áreas que nos indican, barremos los restos que dejó el incendio para que no vuelva a prender; hacemos labores para disipar el fuego", explica Érica, quien después de más de ocho horas de labor hace fila en el comedor.


Su historia, tal cual la lei en algunos articulos de Vanguardia

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