lunes, 20 de junio de 2011

Las Palabras Tienen Palabra

Copia del texto publicado por: Juan Recaredo
También pudo titularse: AHORA RESULTA, QUE PEDRITO ES MARTÍN
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Si a usted le presentaran un día a un señor inglés llamado Sebastián Malmoth, pues le diría mucho gusto, pero seguramente ni se preocuparía por recordar su nombre un minuto después de haberlo conocido.
Ahora que si al conocer a Mr. Malmoth, supiera usted que estaba ante una de las más grandes personalidades de las letras inglesas,
autor de obras tan importantes como El Abanico de Lady Windermere, La importancia de llamarse Ernesto o El Retrato de Dorian Gray, entonces otro gallo le cantará.
Lo que pasa es que este señor firmaba sus obras con el pseudónimo de Oscar Wilde.

Si conociera a un individuo que dijera llamarse Ricardo Eliézer Neftalí Reyes Basoalto, tal vez lo único que llegara a impresionarle sería lo absurdo de su nombre.
Tal vez hasta se atrevería a hacerle un comentario acerca de los padres irresponsables que se divierten poniéndole a sus hijos nombres  kilométricos casi imposibles de memorizar

Y si supiera usted que Don Ricardo Eliézer etc… ganó el Premio Nobel de Literatura en 1971 iba a pensar que un señor así debería ser más conocido… y lo es, pero no con ese nombre sino como Pablo Neruda.

¡Ah, bueeeno –exclamaría usted- por ahí deberíamos haber empezado…!

En el mundo del arte como en algunos otros por diferentes razones se acostumbra conservar la identidad propia y usar una falsa. En muchas ocasiones es simplemente por funcionalidad, en otros por presunción y en algunos casos como el de la delincuencia, hasta por protección

El hecho es que uno no puede evitar preguntarse si Pablo Neruda, usando su verdadero nombre hubiera sido el inmenso poeta que fue, misma impresión que siento cuando se hace referencia a Lucila Godoy Alcayaga que se autonombrara y se transfigurara, adoptando el nombre del ángel de la Anunciación para firmar sus poemas como Gabriela Mistral.

Un pseudónimo es un nombre falso. Viene del griego pseudo = falso y nómine que es el nombre, como el que usaba Pancho Villa, nuestro caudillo revolucionario al que se le ha seguido llamando así, aún después de que se supo que su verdadero nombre era Doroteo Arango, el que por cierto no faltó quien dijera que tampoco era su nombre verdadero.

La familia más conocida del cine mexicano es sin duda alguna la de los hermanos Soler, Fernando, Domingo, Andrés y Julián (también Mercedes)
que en realidad se apellidaban Díaz Pavia,
mientras que Arturo García Rodríguez, un locutor nacido en Mérida, Yucatán, al hacerse famoso como actor, se adjudicó el elegante apellido Arturo de Córdoba.

Otro caso muy actual es el de Pedro Fernández que en realidad se llama Martín Cuevas pero a quien su familia le impuso ese pseudónimo en homenaje a dos gigantes de la canción ranchera: Pedro Infante y Vicente Fernández.


Escríbale a Don Juan Recaredo a donjuanrecaredo@gmail.com
Mas informes en libros@comodijo.net
o al teléfono (0181) 8148 8141
Monterrey, N.L.

Hago extensiva la invitación de Don Juan Recaredo de Regalar libros sobre el apasionante tema del Idioma...

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