sábado, 9 de julio de 2011

Facundo y el renacer de los Cerezos

Desde siempre sentí una gran fascinación, por los cerezos en flor y en Facundo descubrí la magia de convertir los inclementes inviernos en eternas primaveras. Les contaré ahora como he logrado hilvanar esa fascinación de los cerezos en flor con lo que representa para mí ser interior, la vida y obra del

Maestro:
Japón es el testigo de este milagro año tras año: aún no terminaba la guerra, y los árboles de cerezo se empecinaban en florecer nuevamente. Debieron haber ignorado el paisaje mustio que los rodeaba, ellos insistentemente seguían preparándose instante a instante para su floración que era inevitable pese a la guerra, aún la sombra de la muerte no los podía cubrir, tenían el privilegio de seguir vivos, pese a todo el terreno estaba aún fértil, así tendrían la oportunidad de engalanar el pasaje con su sublime florecimiento. En un sitio donde parecía no haber esperanzas, la vida llenaba cada árbol, cada rama, con todo su esplendor. Delicados racimos en flor empezaban a abrir por doquier, y la suave brisa iba esparciendo cada pétalo como una señal de esperanza. Estos árboles, año tras año han soportado los fríos más intensos para florecer nuevamente y cuando aparezcan indefectiblemente llenarán de amor, alegría a muchas personas y sin duda habrán esparcido su suave fragancia y sus delicados pétalos y llegará la brisa nuevamente y poco a poco se llevará consigo los pétalos y juntos crearán una danza, la danza de la vida, una oda a la alegría, y descenderán gozosamente para convertirse ya desde el suelo en el tapiz más fino y maravilloso que pudiésemos imaginar y parecerá entonces que ha florecido el suelo, como un regalo de la tierra y se fundirán nuevamente uno a uno todos sus pétalos para abonar el terreno donde la primavera siguiente volverán a florecer perpetuamente los cerezos… y entonces… escuchando el corazón exhala una fragancia del espíritu de la paz.

Y así como una capa de pétalos sobre otra capa de pétalos forman un tapiz, así mismo lo escogió mi corazón como modelo de vida espiritual, así como un monarca de las flores, el cerezo, simboliza el espíritu de un campeón de la vida que vive plenamente hasta el fin.

La obra y vida de Facundo Cabral, nos invita a danzar con las estrellas, a fundirnos con la luz, a sentirnos uno con el todo, a renacer cada día, a desprendernos, a servir, a amar lo que hacemos, a amar a todo y a todos, a meditar en silencio, a disfrutar de este paraíso que es la tierra, a dejar de juzgarnos y juzgar, a sumergirnos en el amor para proyectarlo luego al mundo y así juntos construir un mundo nuevo, más humano.

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