martes, 2 de agosto de 2011

Los Padres: Responsables? o Culpables?

La tendencia es pensar que de «buenas familias» surgen chicos buenos, y de las «malas» (fragmentadas), chicos inestables (violentos). Pero no es así. No siempre. El doctor en Psicología James Garbarino, profesor de la Universidad de Loyola, en Chicago, lleva 30 años estudiando el comportamiento de psicópatas y asesinos en relación con su entorno familiar. Con 15 libros publicados, Garbarino explica vía mail cómo la familia es uno de los factores preponderantes, pero pesan más, sobre todo últimamente, los «elementos socialmente tóxicos», como la violencia constante en televisión o la profusión de webs fomentando la violencia, el racismo y posturas extremistas.



¿Y los 76 muertos?
Garbarino cree que a veces los padres perfectos acaban topándose con hijos indeseables. Y viceversa. La familia de uno de los asesinos de la masacre de Columbine, en Colorado, Estados Unidos, 1999, era ejemplar, según el profesor. Y sin embargo, el hijo, con 17 años, entró en la escuela secundaria y mató a sangre fría a 13 personas. El experto aclara los términos: «Existe responsabilidad en los padres, pero no culpabilidad». El matiz es importante. Garbarino recuerda, además, la predisposición genética y el contexto socioeconómico –amigos, compañeros, parejas, nivel de vida–. Garbarino viene a decir que la culpa es de todos. El cóctel de ingredientes peligrosos (soledad, frustración, trastornos, abusos, radicalismo político, atmósfera de violencia…) se produce en muchísimas ocasiones, pero sólo en algunos casos explota de repente. La frustración de Anders es evidente. A pesar de contar con un buen físico, de no padecer problemas económicos, de estar preparado y formado, el asesino se queja de la soledad del trabajo. También protesta por haber tenido que volver a casa, con su madre, con 31 años.


La profesora británica y columnista del «Daily Telegraph», Katharine Birbalsingh, es de las más críticas con la huella que dejó Jens Breivik en su hijo. Su artículo en la edición del pasado martes del «Daily Telegraph» despertó una gran controversia. «Jens Breivik dice que no se “siente como su padre”. ¿Ah sí? Me pregunto si se sentía como padre de Anders cuando le abandonó para casarse con otra mujer. Me pregunto si pensaba sobre la estabilidad de su hijo cuando pensó en trasladarse a París y exponer a su hijo a la dura prueba de una batalla por la custodia en la que él y su esposa lucharon para apartarlo de su madre y su país».

La columnista prosigue: «Claramente, algo más [además de la vida familiar] no funcionaba bien en Anders Breivik. Pero su padre está profundamente confundido. ¿Cómo podría él solo estar allí y matar a tantas personas inocentes y sólo parece pensar que lo que hizo estuvo bien? Bueno, quizás no tenía un padre cuando estaba creciendo para enseñarle la diferencia entre el bien y el mal. Lo que quiero saber es por qué su padre no siente sentimiento de remordimiento por haber fallado a su hijo».

La afirmación de Jens Breivik sobre la pena que siente por tener que vivir toda la vida vinculado al horripilante asesinato saca de quicio a la profesora, que ironiza sin piedad: «Sí, eso es Jens, eso es, después de todo, eso es lo más importante. No importa que 76 personas estén muertas. No importa si fuiste un padre ausente, que abandonaste a dos familias diferentes. Lo realmente importante es su reputación: que la gente debe entender que “no te sientes como padre de Anders”, que usted no tenía nada que ver con su hijo». Opiniones aparte, la cuestión es que millones de niños (cada vez más) crecen con figura paterna/materna ausente (o peor, con figuras dañinas, autores de abusos) y no desarrollan comportamientos violentos ni criminales. Incluso todo lo contrario. El radicalismo de los extremistas europeos da miedo. En algunas páginas web se muestra desde cómo fabricar un arma hasta dónde encontrar a homosexuales, africanos o árabes para aniquilarlos. «El problema es más bien el nuevo discurso anti multicultural y anti musulmán que se ha creado», declaran desde el Centro contra el Racismo de Oslo. Pero ahora, el origen del terror no puede achacarse, como se ha hecho últimamente, al radicalismo islámico. No ha sido un terrorista árabe sino un hombre que se declaraba cristiano y masón. Europeo y culto. Ahora el enemigo está en la casa rica del mejor barrio de la ciudad. La sociedad noruega, idílica y tolerante, aún se encuentra en estado de shock. No es para menos.
 
Sbk? Jens Breivik se entero por la prensa electrónica de lo que había hecho su hijo.
 
Diganme, ¿hasta qué punto una vida desestructurada en el entorno familiar influye en el desarrollo de instintos de violencia? Y, si así fuera, ¿qué se puede hacer? ¿Cómo se evita una tragedia tan impensable como la que ha asolado Noruega?

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