lunes, 23 de enero de 2012

Sabes cuaál es un número verdaderamente terrorifico? 2 Grados!

Los números no se ven tan terroríficos. Los cálculos más halagüeños del cambio climático pronostican que para el 2100 la temperatura aumentará 2 grados Centígrados, los que se cree son los más certeros y probables prevén apenas 2 grados más. No parece mucho.



Cuando el doctor Antonio Turrent Fernández, quien ofreció la ponencia “Estrategias científicas y tecnológicas para reforzar la productividad agrícola de México ante el cambio climático”, extrapola lo que sucederá en ese tiempo en México y en particular a la agricultura, la perspectiva es aterradora.


Antes de describirla, conviene indicar que la ponencia de Turrent no sólo ofrecía el terrible panorama, sino la forma de evitarlo.


El fantasma del futuro
Los 2 o 4 grados C, que así escritos se ven inofensivos, no implican un calentamiento homogéneo de la biósfera, sino que se percibirán, sobre todo, como una “agudización de extremos en los ciclos, desde los diarios hasta las diferencias de un año a otro y en las regiones, desiertos más secos junto a pantanos más húmedos”, comentó Turrent.


Esos cambios extremos afectarán principalmente a las zonas tropicales y con clima semiárido del mundo (como México) y serán particularmente peligrosas en los países subdesarrollados que ya actualmente tienen una deficitaria producción de alimentos (como México). La perspectiva climática en el caso mexicano es que habrá calor y sequías extremos, sobre todo en el norte y el centro del país.


Los fantasmas del pasado y el presente
Turrent comenzó por comentar sobre el preocupante estado actual de la agricultura mexicana, los problemas ya conocidos.
Como que uno de cada tres productores usa exclusivamente energía humana para trabajar.
Como el empobrecimiento de la tierra que se da en 13 millones de las 31 millones de hectáreas de tierras de temporal está en laderas, por lo que es muy susceptible de erosionarse, y en ella se practica el monocultivo.


Se calcula, comentó Turrent, que por cada kilogramo de maíz que se produce en México en esas condiciones se pierden 35 de suelo, pero esto no tiene que ser así, hay técnicas. En China, en condiciones similares, se pierde solo medio kilo de suelo por kilo de grano.


Otro enorme problema es el gran desperdicio, de agua. “En zonas de riego grandes el agua se usa con muy baja eficiencia, de 36.6%, el resto se pierde. En las unidades más pequeñas, la eficiencia mejora, de 56%, lo que no quita un desperdicio de 44%del agua usada”.


Con ese presente, el candente y árido futuro se ve aún más aterrador.
Las soluciones están ahí
Turrent afirma que existen diversas soluciones, aunque ninguna de ellas se puede implementar “si no se revalora la seguridad alimentaria ante otros derechos de la población”. Algunas de estas soluciones se han planteado por largo tiempo sin que se hayan implementado. Como actualizar el uso de recursos técnicos en la agricultura campesina, desde cosas como “intercalar la milpa con árboles frutales, para evitar la erosión de la tierra. La rotación de cultivos”.


Hacer las terrazas para evitar la erosión y el desperdicio de agua, técnica que en lugares como Asia se ha desarrollado a lo largo de los siglos, es recomendable “solo que nosotros no tenemos tanto tiempo”.


Y ahora hay nuevas soluciones
Ejemplo de estas últimas es el gen del maíz Michoacán 21, que confiere a la planta una “resistencia por latencia” a la sequía, es decir, cuando no hay agua detiene su crecimiento y queda latente hasta que vuelve a haber agua.


Distribuir ese gen por los maizales no sería fácil: “Hay 4.5millones de hectáreas cultivadas con maíz y en ellos unas 10,000 millones de plantas individuales; todas, en peligro por las sequías. Hay que protegerlas y no sólo a las plantas de maíz, también de otros alimentos, y no sólo con este mecanismo”. Para mejoramiento genético como éste, sólo se han estudiado10 de las 59 variedades nativas de maíz.


No es cuestión de voluntad
Desde el público surgió la pregunta: “Todo lo que comentas, de soluciones, entre científicos suena bien, pero ¿qué hacer con la administración pública, que ve a los campesinos y su ‘terquedad’ de querer quedarse en el campo, como un obstáculo para la modernización”.
“Tienes razón, en la bimodalidad de agricultura mexicana se ha considerado que la forma producción campesina, la integrada por las unidades de producción de unas 5 hectáreas, es la causa de los problemas. Y es un error. En China, donde la unidad de producción es de media hectárea, han tomado algunas de estas soluciones y está aumentado su productividad agrícola.


“Pero en México es inevitable que se busque una solución, porque ya viene el hambre. El problema ya está aquí, las sequías actuales son ejemplo. No van a poder seguir ignorando el problema y el Estado y los grandes productores deberán tomar medidas”.


Breve muestra de un mundo complejo
Así como el Dr. Turrent (ver la nota aledaña), en el ciclo Soberanía y seguridad alimentaria de México en el siglo XXI, otros tres expertos plantearon problemas y ofrecieron soluciones, desde la ciencia, en la producción de alimentos.


Supimos entonces, por ejemplo, que el país es autosuficiente en huevo, pero nada más en cuanto a productos de origen animal. Solo producimos el 60% de la leche, 47% de las aves, 32% de las reses y 22% de los cerdos que consumimos en bovinos. No porque produzcamos poco, dijo el Dr. Miguel García Winder sino porque somos muchos.

Por otro lado, en el ciclo La crisis del agua, los asistentes al coloquio tuvimos oportunidad de asustarnos con otro panorama y escuchar críticas, razonadas, fundadas y no necesariamente descalificadoras, a la Agenda 2030 del agua (la esencial, que el del agua es un problema imbricado con muchos otros que no se están tomando en cuenta).

Ya viene el hambre

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