sábado, 12 de enero de 2013

Pero, Cómo Orar?

Todos tenemos un profundo deseo innato de hablar con Dios!
Por muy limitado que sea nuestro conocimiento de las cosas de Dios, todos le rogamos, en especial si tenemos un problema, si hay algo que nos angustia, para agradecer cuando nació un hijo, cuando alguien se va a casar, pedir salud cuando hay enfermedad, cuando no hay trabajo, cuando las deudas nos agobian, cuando tenemos una presentación en el trabajo, le pedimos que nos ayude a pasar un examen, cuando queremos un cachorro... y hasta para que nos autoricen un crédito...


En Su misericordia, el Dios del cielo, el Creador y Gobernador de todas las cosas, escucha todas nuestras oraciones... Por qué? Por qué Él se preocuparía por cosas tan triviales?

Nuestro Padre Celestial nos ama tanto que las cosas que son importantes para nosotros se vuelven importantes para Él, simplemente porque nos ama!
Cuánto más desearía Él ayudarnos con las cosas grandes que pedimos y que sean justas (véase 3 Nefi 18:20)?




La Oración: Uno de los dones más preciados que Dios ha dado al hombre.
Niños, jóvenes y adultos por igual, por favor crean en lo mucho que su amoroso Padre Celestial desea bendecirlos a ustedes; pero debido a que Él no interferirá con nuestro albedrío, debemos pedir Su ayuda.
Y esto es por medio de la oración, que es uno de los dones más preciados que Dios ha dado al hombre. 

Señor, enséñanos a orar

Jesús siempre dio el ejemplo a sus discípulos en todo. Ellos, despues de verlo orar, le suplicaron: “Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11:1).
Y Él les indico varios principios claves que pueden servirnos de guía. Véase también Mateo 6:9–13; Lucas 11:1–4).

“Padre nuestro que estás en los cielos” (Mateo 6:9; Lucas 11:2)
Comenzamos por dirigimos a nuestro Padre Celestial
Tenemos el privilegio de dirigirnos directamente a nuestro Padre, y no oramos a ningún otro ser. Tengan presente que se nos ha aconsejado evitar repeticiones, incluso usar el nombre del Padre con demasiada frecuencia cuando oramos1

“Santificado sea tu nombre” (Mateo 6:9; Lucas 11:2)

Jesús se dirigió a Su Padre en una actitud de adoración, reconoció Su grandeza y le rindió alabanza y agradecimiento. Sin duda, este asunto de reverenciar a Dios y de expresar agradecimiento específico y sincero es una de las claves de la oración eficaz.
“Venga tu reino. Hágase tu voluntad” (Mateo 6:10; Lucas 11:2)

Libremente reconocemos nuestra dependencia del Señor y expresamos nuestro deseo de hacer Su voluntad, aun cuando no sea la misma que la nuestra.
En el diccionario bíblico [en inglés], se explica que: “La oración es el acto mediante el cual la voluntad del Padre y la voluntad del hijo entran en correspondencia la una con la otra. La finalidad de la oración no es cambiar la voluntad de Dios, sino obtener para nosotros y para otras personas las bendiciones que Dios ya esté dispuesto a otorgarnos, pero que debemos solicitar a fin de recibirlas” (Bible Dictionary, “Prayer” [Oración]).

“Danos hoy el pan nuestro de cada día” (Mateo 6:11; Lucas 11:3)

Pedimos las cosas que queremos del Señor.
La honradez es esencial al pedirle cosas a Dios; por ejemplo, no sería totalmente honrado pedirle ayuda en un examen de la escuela si no he prestado atención en la clase, ni hecho las tareas asignadas ni estudiado para la prueba. Con frecuencia, al orar, el Espíritu me impulsa suavemente a reconocer que debería hacer algo más para recibir la ayuda que estoy suplicándole al Señor; entonces me debo comprometer y hacer mi parte. Es contrario al plan del cielo que el Señor haga por nosotros lo que podemos hacer por nosotros mismos.

“Y perdónanos nuestras deudas” (Mateo 6:12)

En otras versiones se lee “Y perdónanos nuestros pecados” (Lucas 11:4) pero es la misma idea: el arrepentimiento es una parte esencial de la oración!
A veces lo olvidamos... pero para que el arrepentimiento surta efecto, debe ser específico, profundo y duradero!

“Como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mateo 6:12; Lucas 11:4)
El Salvador estableció una clara conexión entre el ser perdonados de nuestros pecados y el perdonar a los que nos hayan hecho un mal. A veces el daño que otras personas nos han hecho es sumamente doloroso y difícil de perdonar y de olvidar. Estoy muy agradecido por el consuelo y la curación que he encontrado en la invitación del Señor de que abandonemos nuestras penas y se las entreguemos a Él.

En una de nuestras escrituras, Él dijo: “Yo, el Señor, perdonaré a quien sea mi voluntad perdonar, mas a vosotros os es requerido perdonar a todos los hombres. 
Y debéis decir en vuestros corazones: Juzgue Dios entre tú y yo, y te premie de acuerdo con tus hechos” (DyC 64: 10-11). 
Si deseamos ser sanados, entonces debemos abandonar el asunto completamente y dejar que el Señor se encargue de ello. 

“Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” (Mateo 6:13-14Lucas 11:4)


Cuando tomamos la decisión de usar la armadura de Dios (véase Efesios 6:11; DyC 27:15) estaremos protegiéndonos a nosotros mismos, esperando con ansias el día por delante y pedir ayuda ante las temibles cosas que tengamos que enfrentar.
Por favor, amigos míos, no se olviden de pedirle al Señor que los proteja y que esté con ustedes


“Porque tuyo es el reino, y el poder y la gloria, por todos los siglos” (Mateo 6:13)


Cuán instructivo es el hecho de que al terminar su oración, Jesús alabara de nuevo a Dios y expresara Su reverencia por el Padre y Su sumisión a Él. Cuando creemos verdaderamente que Dios gobierna Su reino y que tiene todo el poder y toda la gloria, reconocemos que Él en verdad está a cargo, que nos ama con un amor perfecto y que desea que seamos felices. He descubierto que uno de los secretos para tener una vida feliz es reconocer que hacer las cosas a la manera del Señor me hará más feliz que hacer las cosas a mi manera.

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